Colonias Historicas de Madrid
Ciudad Pegaso
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Hay barrios que cuentan la historia de una ciudad, este cuenta la historia de una empresa, calle por calle.
Cuando ENASA decidió construir Ciudad Pegaso a las afueras de Madrid, no encargó solo viviendas: encargó una sociedad entera, ordenada de arriba abajo.
Y lo más fascinante es que esa jerarquía no se escondía, se exhibía en el plano, cuanto más alto era tu cargo en la fábrica, más arriba y más grande era tu casa. Un ingeniero jefe vivía en un chalé de más de trescientos metros con jardín; un operario, en un piso de un bloque.
El barrio era, literalmente, el organigrama de la empresa convertido en calles.
Detrás había una ideología concreta, el proyecto bebía de la llamada “ciudad orgánica”: la fantasía de un lugar donde obreros, técnicos e ingenieros convivían tan cerca que, en teoría, la lucha de clases desaparecía.
No por igualdad, sino por yuxtaposición: cada uno en su sitio, visible para todos, control social disfrazado de buena vecindad, levantado por una empresa pública del régimen que quería enseñar al mundo una España moderna.
Conviene no quedarse solo con la lectura oscura, para miles de familias que llegaban del campo en plena posguerra, Ciudad Pegaso fue una oportunidad enorme: casa digna, colegio, médico, piscina y un sueldo estable. Esa mezcla de bienestar real y control férreo es justo lo que hace este barrio tan interesante de contar, y tan difícil de juzgar con una sola frase.
Un apunte para quien siga la cuenta: su iglesia está consagrada a San Cristóbal, patrón de los conductores, el mismo santo que da nombre a la colonia de la EMT. Dos barrios de conductores, el mismo patrón, las colonias de Madrid no paran de hablar entre ellas.
Esta es la Parte I, el origen. En la Parte II te cuento la gran paradoja: cómo un barrio diseñado para que nadie protestara acabó siendo una fábrica de huelguistas.
Fuentes:
González Kirchner
Ciudades nº 21 (2018)
Ficha COAM F3.227
Maira Vidal, Sociología del Trabajo nº 65 (2009)
ciudadpegaso.es
Un barrio pensado para evitar huelgas acabó produciéndolas en serie.
Vale la pena detenerse en por qué.
La clave de Ciudad Pegaso es que el bienestar y el control no eran dos cosas distintas: eran la misma. Cada servicio que la empresa regalaba era, a la vez, un hilo que te ataba. El economato te daba la compra barata, pero también dejaba constancia de lo que comprabas. El médico te curaba gratis, pero pasaba informes. El piso te lo cedían por un alquiler simbólico, pero salía de la misma mano que podía echarte. No hacía falta vigilar a nadie con dureza: bastaba con que todo lo que tenías dependiera de tu jefe.
Por eso lo de “diseñado para que nadie protestara” no es una exageración del vídeo. La idea era que un obrero con casa, colegio y piscina pagados no tendría motivos de queja, y que mezclar a obreros e ingenieros en las mismas calles limaría las diferencias. Los primeros años, más o menos funcionó.
Lo que falló fue un cálculo de bulto: para tener controlados a miles de obreros, primero hay que juntarlos en el mismo sitio. Y miles de trabajadores de la misma fábrica, viviendo puerta con puerta, hablando en la misma escalera y en la misma cola, son exactamente el material con el que se organiza una huelga.
A partir de 1962, el barrio diseñado para la paz se convirtió en uno de los focos obreros más activos de su entorno. La herramienta de control se volvió herramienta de lucha.
Cuando la empresa dejó de ser fuerte, el barrio dejó de ser suyo. Los pisos pasaron a manos de los vecinos y, en 1990, ENASA acabó vendida a Fiat. El experimento se cerró igual que se abrió: por decisión de la fábrica.
Fuentes:
B. González Kirchner
“Ciudad Pegaso: autarquía y control social”, Ciudades nº 21 (2018)
M. del Mar Maira Vidal, “El paternalismo industrial en el régimen franquista”, Sociología del Trabajo nº 65 (2009)
Ficha COAM F3.227
Revista Nacional de Arquitectura nº 201 (1958)
La Marea (2016)
Del barrio obrero más vigilado del franquismo salió uno de los personajes más libres de la Movida. Esa contradicción es Ciudad Pegaso entera.
Para cerrar la serie, conviene mirar el barrio con ojos de arquitecto, que es para lo que está esta cuenta. Lo singular de Pegaso no es un sistema constructivo revolucionario: era ladrillo y hormigón de su época. Lo singular es que toda una jerarquía social se tradujo en tipos de vivienda dentro de un mismo conjunto.
La ficha del Colegio de Arquitectos lo detalla: bloques de siete plantas, bloques de cuatro, de dos, y chalés unifamiliares aislados, repartidos según la categoría profesional de cada familia. Un escalafón que todavía hoy se puede leer paseando: tu dirección decía tu puesto.
Y hay un matiz que evita la lectura simplona. Aunque la jerarquía era de hierro, el cuidado de diseño alcanzó a todas las tipologías, también las obreras, y los bloques se separaron siguiendo criterios higienistas modernos, los mismos que buscaban sol y ventilación en la Europa de entreguerras. No era vivienda de mínimos hecha de cualquier manera: aspiraba a ser, en palabras de la propia ficha, una ciudad “poco menos que ideal” para la época, con amplias zonas deportivas, núcleo comercial e iglesia presidiendo la plaza.
Lo demás ya lo sabe por el vídeo: un poblado levantado de cero, con el Estado como patrón a través del INI, que plantea una pregunta todavía viva sobre las empresas que hoy te lo dan todo.
Termino con lo que más nos gusta de este sitio: sus paradojas.
Aquí nació en 1957 Fabio McNamara, y el fotógrafo Alberto García-Alix dejó una serie de imágenes del barrio, que del poblado más controlado del régimen saliera tanta vida libre lo dice todo.
¿De qué lado lo ves: una empresa que cuida o una que ata?
¿Y trabajó alguien de tu familia en Pegaso?
Te leo.
Fuentes:
Ficha COAM F3.227 y Revista Nacional de Arquitectura nº 201 (1958).
González Kirchner, Ciudades nº 21 (2018).
Maira Vidal, Sociología del Trabajo nº 65 (2009). Fabiografía (2014).
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